Atardece en mis huesos cuando en los tuyos recién es medio día, pero extrañamente nuestros soles lograron coincidir en esta vida. Por un momento se tocaron las manos y bailaron juntos una pieza aunque el deseo de que fuera para siempre no desaparecerá tan fácil de mi cuerpo.
La sensación de haberte encontrado, la pureza de mis sentimientos y el devoto amor me devuelven la capacidad de sentir que estoy viva, incluyendo la tristeza de dejarte ir, sabiendo que seré tuya por más tiempo de lo imaginado. Espero que alguien te ame como yo, espero que alguien me pueda amar más que tú, que no me deje ir, que no corra de mi.
Me refugio en tu recuerdo, me llena más saber que me amaste que pensar que no lo hiciste, aunque de verdad no quería pasar sin usted otro día. Pero aquí estoy, horas, días, semanas sin tenerte.
Y es que aún no entiendo. Me arrancaste de un tirón, y yo aquí dando saltos, soltándote todos los días, gota a gota. Aferrándome a ese único te amo, que alguna vez fue mío, por mi.
Dime sol, ¿Cómo es que te arrancas tan fácil de mis manos? Te escurres entre mis dedos, y no puedo hacer nada para detenerte. Debes iluminar otros cielos.
Dame tu receta, galleta galletita...
